Los Caivis de Aragón reportan 260 casos de violencia sexual en su primer año, con un 70% de los casos ocurriendo en el entorno de la víctima.
En un hito significativo para la atención de las víctimas de violencia sexual en Aragón, los Centros de Atención Integral de Víctimas de Violencia Sexual (Caivis) han reportado la atención de 260 casos en su primer año de operación. De estos, 50 casos involucran a menores de edad y un alarmante 70% de las agresiones han tenido lugar en el entorno más cercano de las víctimas, ya sea en sus hogares, centros educativos, o lugares de trabajo.
La vicepresidenta del Gobierno de Aragón, Mar Vaquero, junto a María Antoñanzas, directora del Instituto Aragonés de la Mujer (IAM), realizaron una visita al Caivis en Zaragoza para evaluar el impacto de estos centros tras su primer año de funcionamiento. Vaquero subrayó que la creación de estos espacios era una necesidad urgente para brindar apoyo integral a quienes sufren violencia sexual.
“Hubiera sido ideal que estos centros no fueran necesarios, pero la realidad demuestra que su existencia es crucial para atender tanto a adultos como a menores que se encuentran en situaciones vulnerables”, afirmó la vicepresidenta. En su intervención, destacó la importancia de implementar campañas de concienciación, especialmente en el ámbito educativo, utilizando métodos innovadores como escape rooms, que fomentan el diálogo sobre estos problemas en un formato accesible para los jóvenes.
La vicepresidenta también se mostró consternada por las estadísticas, señalando que el hecho de que muchas de las agresiones provengan del entorno próximo a la víctima es un signo grave de la situación social. “Es preocupante saber que 50 de los casos atendidos implican a menores”, agregó, al tiempo que hizo énfasis en el aumento de agresiones sexuales en entornos digitales, que afectan particularmente a la población joven.
Los Caivis no solo sirven como refugios, sino que también están dotados de recursos para ayudar a las víctimas a navegar por el sistema sanitario, judicial y de seguridad pública, asegurando que siempre cuenten con el apoyo de profesionales capacitados. Vaquero resaltó la sensibilidad y empatía de los trabajadores que operan en estos centros, quienes se dedican a ofrecer un ambiente seguro y de comprensión.
La directora del IAM destacó su preocupación al observar que la violencia sexual se manifiesta en todas las provincias y afecta a diversas edades y contextos socioeconómicos. "La violencia contra menores, especialmente, ha revelado estadísticas alarmantes y es un tema que merece un análisis profundo", expuso Antoñanzas.
Antoñanzas subrayó la necesidad de ofrecer una vida digna y una salida a las víctimas, enfocando sus esfuerzos en la sensibilización y educación a través de programas interactivos que lleguen efectivamente a los jóvenes. "Es fundamental hacer que los jóvenes comprendan el problema para poder prevenir futuros casos”, defendió.
Aproximadamente el 60 a 70% de quienes acuden a los Caivis han decidido presentar denuncia, pero el resto prefiere no dar ese paso aún, haciendo un proceso de sanación con profesionales de la salud mental. La directora del IAM instó a que se comprendan las complejidades que rodean el proceso de denuncia, y la importancia de apoyar a las víctimas en cada paso de su recuperación.
En cuanto a las estadísticas específicas de Zaragoza, se registraron 175 casos, con 38 menores entre ellos. Las franjas de edad que más atención han recibido corresponden a adultos jóvenes, con un gran número de casos en individuos de entre 18 y 30 años. A pesar de las cifras alarmantes, la creación de una línea telefónica de atención 24 horas busca ofrecer otra vía de apoyo urgente para las víctimas.
Ante la persistente problemática de la violencia sexual, Vaquero reflexionó sobre la necesidad de multiplicar los recursos disponibles para fomentar denuncias y servicios de ayuda. Subrayó que muchos continúan sufriendo en silencio, destacando la importancia de trabajar hacia una cultura de denuncia y apoyo.
Finalmente, la vicepresidenta enfatizó que las políticas deben ir más allá de discursos vacíos y deben dirigirse a la protección real de las mujeres y la promoción de la igualdad, asegurando que las iniciativas sean efectivas y que incluyan la educación desde la niñez para prevenir la violencia sexual en el futuro.
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