24h Aragón.

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Gran parte de la cuenca del Ebro experimentó la peor sequía en décadas.

Gran parte de la cuenca del Ebro experimentó la peor sequía en décadas.

La crisis hídrica del año 2023 ha dejado una estela de devastación económica, con pérdidas que superan los 10.000 millones de euros, según el informe presentado por la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE). En un contexto donde el 85% de la cuenca sufrió una sequía prolongada y casi la mitad se vio en situación de emergencia por escasez, se ha evidenciado la urgente necesidad de repensar la gestión del agua en nuestro país.

En la reunión de la Comisión Permanente de la Sequía 2023, se destacó la tenacidad y eficacia de los planes especiales de sequía vigentes desde 2007, demostrando su utilidad social en momentos de crisis como este. El análisis detallado de los impactos económicos, sociales y ambientales a lo largo de la cuenca ha revelado la magnitud de la situación y la importancia de tomar medidas preventivas y de mejora para futuras sequías.

Entre las lecciones aprendidas durante la sequía de 2023 destaca el papel fundamental del Sistema Automático de Información Hidrológica del Ebro, así como la gestión participativa de los embalses a través de las juntas de explotación. La colaboración y corresponsabilidad de todos los actores involucrados, desde las administraciones públicas hasta la sociedad en general, se erige como un pilar fundamental para afrontar estas crisis.

En un contexto marcado por la emergencia climática, se ha resaltado el enfoque ambiental mantenido durante la sequía, con la establecimiento de caudales ecológicos en todas las masas de agua. La importancia de la comunicación y la necesidad de trabajar en medidas preventivas para el futuro han sido subrayadas como aspectos clave a tener en cuenta.

Con la vista puesta en el futuro, la CHE ha anunciado la revisión del Plan Especial de Sequías y del Plan Hidrológico del cuarto ciclo, con el objetivo de impulsar un uso más eficiente del agua para hacer frente a las sequías venideras. A su vez, se han implementado medidas específicas para hacer frente a los efectos de la sequía de 2024, que, aunque de menor intensidad, está afectando a algunas cuencas de manera significativa.

Esta realidad pone de manifiesto la fragilidad de nuestro sistema hídrico y la necesidad imperiosa de repensar nuestra relación con el agua en un contexto de cambio climático acelerado. La cuenca del Ebro, marcada por la escasez recurrente, nos recuerda la urgencia de actuar de manera conjunta y solidaria para garantizar un uso sostenible de este recurso tan vital para nuestra supervivencia.