Calanda rompe la hora con 10.000 tambores y bombos en plena Semana Santa
Este Viernes Santo, en Calanda, miles de vecinos y visitantes se han quedado sin escucharse, sumidos en un estruendo ensordecedor de tambores y bombos que ha marcado el momento más simbólico de la Semana Santa: la ‘rompida de la hora’. La plaza del pueblo se ha convertido en un escenario de sonidos que retumban en el pecho y que, a muchos, les dejan sin poder oírse ni pensar en otra cosa.
Para quienes viven en Calanda, este momento no solo es una tradición, sino una demostración de cómo una celebración cultural puede convertirse en una experiencia casi sensorial, pero también en un ruido que afecta a la tranquilidad, el descanso y, en algunos casos, la salud auditiva de los vecinos. La intensidad de estos golpes masivos puede ser una carga para quienes tienen problemas de audición o simplemente desean un momento de calma.
Este espectáculo, además de ser una tradición con raíces profundas, pone en evidencia cómo las celebraciones masivas pueden afectar la vida cotidiana. Mientras algunos disfrutan de la emoción, otros se preguntan si este nivel de ruido debería estar tan descontrolado, especialmente en un entorno donde muchos buscan un momento de reflexión o descanso.
Lo más preocupante es que esta tradición, que ha sido declarada de interés turístico, parece no tener límites claros en su forma de celebración. La pregunta que surge ahora es si las autoridades y organizadores deberían establecer normativas para evitar daños o molestias innecesarias, garantizando que la cultura y la tradición no se conviertan en una fuente de problemas para los vecinos.
De cara al futuro, los residentes y visitantes deberían reflexionar sobre cómo mantener viva esta celebración sin que se convierta en una fuente de molestias. Las autoridades, por su parte, deberían buscar un equilibrio entre la tradición y el respeto por la calidad de vida de quienes habitan en Calanda. La clave está en proteger tanto la cultura como a la gente que vive en ella.