¿Qué puede pasar si la Ordenanza Cívica de Zaragoza se aprueba sin cambios?
La Ordenanza Cívica de Zaragoza está en el ojo del huracán y podría estar a punto de convertirse en una herramienta de control más que de convivencia. El Ayuntamiento ha presentado un texto que, según críticos, va en la dirección opuesta a facilitar la libertad y el respeto en la calle.
El problema principal es que la ordenanza trata de sancionar conductas que, en realidad, no deberían ser objeto de persecución, como las peleas callejeras o las molestias por ruidos en horarios razonables. Pero además, no diferencia entre una pintada en un mural protegido o en un pabellón deportivo; lo que puede llevar a sanciones desproporcionadas y a una sensación de arbitrariedad para los vecinos.
Esto puede tener consecuencias directas en la vida cotidiana de los ciudadanos, que verán cómo la policía puede actuar de forma imprevisible y sin un criterio claro. La percepción de inseguridad jurídica crece, y la sensación de que la calle se convierte en un espacio vigilado y restringido también.
Para los vecinos, esto significa que actividades cotidianas como una despedida de soltero o una fiesta en un parque podrían convertirse en motivo de multa sin que exista una clara línea entre lo permisible y lo sancionable. La libertad individual, en lugar de ser protegida, parece ser cada vez más vulnerable a decisiones subjetivas y a la falta de criterios claros.
¿Qué puede hacer la ciudadanía ante esto? Lo más importante es estar informado, participar en las próximas reuniones y expresar su opinión. La presión social puede lograr que el Ayuntamiento reconsidere y mejore el texto, garantizando derechos y libertades en lugar de restricciones arbitrarias.
El futuro de esta ordenanza está aún en juego. Lo que debería ocurrir ahora es que los afectados, asociaciones y vecinos alzaran su voz para exigir un texto equilibrado y justo. Solo así, Zaragoza podrá tener una normativa que realmente fomente la convivencia sin perder la libertad de sus ciudadanos.