Los chopos cabeceros de Teruel, patrimonio que se pierde si nadie los cuida
Chopos de 200 años en Teruel, ecosistema único en Europa y fiesta el 14 de noviembre en La Hoz de la Vieja para conocerlos y protegerlos.
Hay árboles en Teruel que tienen entre 200 y 220 años, y cientos de ellos siguen en pie junto a ríos y acequias. Son los chopos cabeceros, y este año su fiesta vuelve a La Hoz de la Vieja el 14 de noviembre.
Los chopos cabeceros son chopos negros o álamos negros que durante siglos se podaron cada 12 o 15 años, un sistema conocido como escamonda. Así se obtenían vigas para construir casas, parideras y graneros, hojas para el ganado y leña. Según explica Chabier de Jaime, del Centro de Estudios del Jiloca, era un recurso renovable: el propietario volvía a poner las vigas en el mercado cada doce años.
Ese equilibrio se rompió con el abandono del campo en la segunda mitad del siglo XX y la llegada de nuevos materiales de construcción. Muchos ejemplares fueron talados y otros dejaron de cuidarse. De Jaime advierte de que estos árboles pueden vivir mucho tiempo si el sistema de aprovechamiento se mantiene, por lo que considera necesario recuperar las labores de escamonda.
Además de su valor histórico, los chopos son un ecosistema en sí mismos: dan alimento y refugio a insectos, líquenes, musgos, murciélagos y aves. Y según el experto, el manejo del chopo negro de esta forma es excepcional en Europa, donde no se conocen chopos trasmochos de este tipo. En 2016, el Gobierno de Aragón reconoció el saber hacer asociado a esta tradición como Bien de Interés Cultural Inmaterial.
La XVI Fiesta del Chopo Cabecero, bajo el lema «Pueblos que cuidan su patrimonio», empezará con un desayuno solidario en la plaza Mayor y seguirá con una excursión por la ribera del río Cantalera hasta el paraje de La Chopera, donde el motoserrista Víctor Pérez hará una demostración de escamonda. Por la tarde se entregará el premio «Amigo del Chopo Cabecero 2026» a Pancrudo.
Para De Jaime, lo importante no es cuánta gente acuda, sino que el pueblo disfrute y los visitantes conecten con los vecinos. Su reflexión es clara: «Somos a veces demasiado desconocedores de lo que tenemos». Si te acercas a la comarca, es una buena ocasión para mirar de otra forma esos árboles que llevan siglos en las riberas.