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Aragón 26 de Marzo de 2026 · 14:48h 4 min de lectura

Restauración del manto de la Virgen del Pilar, un legado del general Palafox, completada tras dos meses de esfuerzo.

El 26 de marzo en Zaragoza, el equipo de la Real Fábrica de Tapices ha logrado restaurar un manto de la Virgen del Pilar, perteneciente a la Academia General Militar desde 1947. Esta pieza histórica fue custodiada por el general Palafox durante el doble asedio que sufrió la ciudad a manos de las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia.

Durante dos meses, los restauradores llevaron a cabo un exhaustivo proceso de evaluación del estado de la pieza, aplicando criterios europeas de conservación que priorizan la reversibilidad de las intervenciones. Así lo detalla Sara Blanchart, coordinadora del proyecto, en su conversación con Europa Press. La historia del manto y su valor simbólico fueron fundamentales en esta decisión de salvaguardar su legado.

A pesar de que Palafox había instruido a proteger todo lo relacionado con la Virgen del Pilar por su capacidad de unir a la población, la intervención de las tropas napoleónicas hizo que, lamentablemente, el aprecio por esta valiosa obra quedara relegado. Con el tiempo, el manto sufrió daños significativos debido a su manipulación y a intentos de restauración previos que resultaron ser ineficaces. Esto ocurrió en un contexto donde las técnicas de conservación no estaban tan desarrolladas, ya que la Real Fábrica de Tapices se estableció en 1721 como un centro para producir obras de alta calidad para la realeza.

Al llegar a Madrid, la pieza presentaba un estado alarmante, con evidentes signos de degradación que comprometían su integridad. Entre estos, se encontraban suciedad, manchas, pérdidas de tejido y daños estructurales como deshidratación y deformaciones. Este deterioro era característico, según Blanchart, sobre todo en los terciopelos que a lo largo del tiempo sufren un desgaste notable.

Asimismo, se detectó una pérdida extensa de hilo metálico, dejando a la vista la base del tejido, y los bordados también mostraban un deterioro considerable. Este tipo de análisis exhaustivo es esencial para comprender los problemas que presenta la pieza, siendo necesario un estudio detallado para decidir el rumbo correcto de la restauración.

El examen realizado fue meticuloso; incluyó "cartografías de deterioros" y un registro fotográfico que ayudó a identificar y planificar las áreas que requerían atención. Con estos datos, el equipo elaboró un presupuesto y estableció la duración prevista de la restauración, cuyo coste permanece en la confidencialidad del cliente.

Ante el deterioro encontrado, el equipo de la RFT construyó un plan de intervención para estabilizar el manto y detener su deterioro. Blanchart enfatiza que siguen rigurosamente los estándares de restauración europeos, centrando sus esfuerzos en la reversibilidad de los tratamientos para asegurar que cualquier intervención futura pueda realizarse sin inconvenientes.

La restauradora Beatriz Hernández Gómez lideró el trabajo, que se llevó a cabo en varias etapas, comenzando por una limpieza mecánica para eliminar la suciedad. Luego, el equipo se enfocó en corregir las deformaciones, alineando el tejido y retirando reparaciones anteriores que estaban causando tensiones innecesarias.

Los restauradores a menudo se enfrentan a trabajos previos realizados por manos inexpertas que, aunque realizadas con buena intención, pueden resultar perjudiciales. La coordinadora señala que a menudo estos remiendos generan una tensión entre lo original y lo nuevo, dificultando la preservación de la pieza antigua.

La importancia de contar con expertos en restauración es reconocida por Blanchart, quien alerta sobre el intrusismo en este campo. Es fundamental aplicar estándares reconocidos para proteger nuestro patrimonio cultural, y aquellos que intentan restaurar sin la preparación necesaria podrían dañar piezas irremplazables.

El equipo, abierto a nuevas incorporaciones, valora la titulación oficial en restauración, especialmente de instituciones reconocidas. Además, se tienen en cuenta otros antecedentes en Bellas Artes y formación específica en textil, algo que fortalece la calidad de su trabajo.

A pesar de su exigencia profesional, Blanchart también muestra un entendimiento hacia las intenciones de quienes en el pasado intentaron reparar estas piezas, destacando que su esfuerzo ayudó a salvar muchas obras. Su objetivo siempre ha sido la conservación del patrimonio, aunque en ocasiones sus métodos no fueran los más adecuados.

Finalmente, la intervención de la Real Fábrica de Tapices no solo busca conservar el manto, sino también crear un sistema de soporte que facilite su exhibición sin comprometer su integridad, asegurando que esta pieza seguiría siendo el símbolo de unidad y devoción que ha representado a lo largo de su historia.

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