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Aragón 28 de Marzo de 2026 · 20:51h 5 min de lectura

Chueca celebra una Semana Santa vibrante llena de ritmos y pasiones.

El pasado sábado, Zaragoza se llenó de tradición y fervor con el abarrotado pregón de Semana Santa, que tuvo lugar en la emblemática plaza del Pilar. La alcaldesa Natalia Chueca tuvo un papel destacado en este evento, junto al cofrade y divulgador Jorge Gracia Pastor, quien tuvo el honor de dar inicio a las festividades. El acto fue precedido por un desfile de las 25 cofradías que recorrieron las calles del centro histórico, al son de instrumentos que llamaban a la comunidad a unirse a esta celebración.

La ceremonia atrajo a una multitud, y la presencia de importantes figuras como la presidenta de las Cortes de Aragón, María Navarro, y el arzobispo Carlos Escribano, subrayó la relevancia de la Semana Santa en la identidad cultural de la ciudad. La alcaldesa Chueca no escatimó en elogios sobre esta festividad, expresando que Zaragoza se transforma en un lugar donde la devoción y el arte se funden en una atmósfera única, reflejando la rica fusión de tradición y modernidad que caracteriza a la ciudad.

Chueca remarcó que la Semana Santa en Zaragoza es más que un mero espectáculo visual; es una experiencia comunitaria que se comparte y que resuena con el retumbar de tambores y matracas en las calles. Además, no solo es una manifestación religiosa, sino también un motor económico significativo, generando casi 62 millones de euros, convirtiéndose así en el segundo evento más importante del año tras las Fiestas del Pilar.

La historia de la Semana Santa zaragozana se remonta a la Edad Media, y su riqueza no solo radica en su profundo sentido espiritual, sino también en su valor histórico, cultural y artístico. Con procesiones que se extienden desde el Sábado de Pasión hasta el Domingo de Pascua, Zaragoza se convierte en un imán turístico, atrayendo a visitantes de diversas regiones que buscan conectar con esta tradición.

Las secuelas de los Sitios de Zaragoza en 1808 y 1809 llevaron a la ciudad a perder muchas de sus figuras procesionales, salvándose solo el Santo Cristo de la Cama. Sin embargo, en el siglo XIX y principios del XX, la Hermandad de la Sangre de Cristo asumió el reto de reconstruir su patrimonio, encargando esculturas a artistas locales como Tomás Llovet y José Alegre, revitalizando así la herencia cultural de la ciudad.

Con el paso de los años, las cofradías han evolucionado, y desde 1937 surgieron nuevas entidades que se encargaron de los pasos de la Sangre de Cristo y comenzaron a incorporar obras de artistas de renombre más allá de Aragón. Este proceso ha dado lugar a una variada colección de imágenes que reflejan diferentes estilos y técnicas de los escultores contemporáneos más destacados de España.

Entre las cofradías, veinticinco se encuentran activas, cada una representando un aspecto de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. La más reciente, la cofradía de Jesús de la Soledad, se estableció en 2017 y contribuye a un total de cincuenta y tres procesiones que se desarrollan a lo largo de los nueve días de celebración, destacando el Jueves Santo como el día de mayor actividad.

La espectacularidad de la procesión del Santo Entierro, que congrega a todas las cofradías, representa el clímax emocionante de la Semana Santa zaragozana, siendo un evento que detiene el pulso de la ciudad. Este trayecto histórico cuenta con referencias documentales que se remontan a 1617, subrayando la herencia y la continuidad de estas tradiciones a lo largo de los siglos.

Las manifestaciones procesionales en Zaragoza son solemnes y meticulosamente organizadas, con un vestuario que refleja tanto unidad como diversidad en los hábitos utilizados por los cofrades. La sonoridad de tambores y bombos, introducida en 1940, se ha convertido en una característica prominente del evento y ha calado hondo en la identidad local.

Añadiendo a esta experiencia son sonidos tradicionales como la matraca y la carraca, junto con la música de corneta y tambor, que enriquecen el ambiente festivo. Incluso el canto de Jotas o Saetas irrumpe en varios momentos, haciendo que la espiritualidad y la cultura local se entrelacen de forma conmovedora.

El recorrido de las procesiones invita a los asistentes a explorar el impresionante patrimonio arquitectónico de Zaragoza, donde se entrelazan obras mudéjares y otros monumentos de gran valor cultural. La combinación de la riqueza histórica y la devoción que caracteriza a la Semana Santa la convierte en una celebración singular que no solo honra tradiciones pasadas, sino que también abraza las contribuciones contemporáneas de la comunidad zaragozana.

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